Somos muchas las editoriales pequeñas que apostamos por libros minoritarios y exquisitos. Solemos formarlas dos o tres socios entusiastas,  una suerte de nuevos bibliófilos, que gastamos los ahorros, para poner en pie nuestro sueño de papel: preservar el placer de descubrir libros únicos.

Editoriales pequeñas, casi diminutas, que apenas editamos cuatro o cinco títulos al año, que trabajamos en los márgenes del sistema, convencidos  de que la lectura, es el vehículo definitivo del saber.

Editar con pasión, quiere decir, elección cuidadosa de la tipografía, del color, del gramaje del papel, de los colores y el diseño de la cubierta, maquetación, incluso olor. Es entonces, convertido en objeto, cuando la experiencia de abrir el libro y sumergirse en su lectura se convierte en placer, en misterio que encierra un mundo inabarcable que apenas cabe en sus límites reales de ese pequeño objeto, en ese espacio profundo del libro.